Ella tuvo navidades de papa despertandola con vino dulce de navidad el 24 y el 31
tuvo cada año natillas, buñuelos, confidentes primos y fiestas tan únicas como su familia.
Ella tuvo una ciudad hermosa que la vio crecer aprender, la vio llorar por amor,
la vio hacerse fuerte, pero que le cobraba mucho por enseñarle lo que quería estudiar.
Ahora la montaña no esta,
ni los indígenas,
ni la sonrisa en la esquina,
ni la navidad,
ni el vino, la natilla o los buñuelos
ni los primos
ni la familia
Ella nota esta ciudad diferente, extraña su cuidad y sin embargo un día de diciembre en la cama entre mocos y tos se dio cuenta que era realmente feliz en este momento de su vida en esta otra ciudad.